22/6/08

LA SOMBRA DEL CEREZO. ELY FDEZ. IGLESIAS


Como si un sembrador

desatento

hubiera arrojado

sus semillas,al azar,

aquel humilde árbol

surgió inopinadamente.


Aún lo veo ahí

perfilando el estrecho sendero

detrás de la casa,

combado,

yaciendo en el vacío;

el cerezo de mi infancia

me esperaba,paciente,

mientras septiembre

maduraba membrillos.

No siempre fue así

encorvado,casi olvidado,

y viejo,

cuando era tán fácil

trepar su cuerpo,

piélago de sueños,

cabalgar a horcajadas

su lomo domado por el tiempo.

Primero le acompañó

la fuerza de su tronco leñoso

imponiéndose erguido

desafiando cierzos y ábregos

- que no llegaron nunca -

vientos del Atlántico

- que si vinieron -

vientos de agua

y otros vientos.

Todavía enhiesto.

La sombra del cerezo

- que me asilaba -

era pesada,sombra

de hojas oblongas,

acuminadas,

destelleantes al murmullo

de la brisa,a punto de caer

la tarde arrebolada,

el aire del verano

devolvía ecos de voces

infantiles

despreocupadas.

Hilvano con fino hilo

de memorias

- la mía,la nuestra -

prendidos de alfileres

retales que no sobran.

Puntada a puntada

prendo hábilmente

miradas y voces

rostros de otros

que estuvieron allí

al pie del cerezo.

Como si un encantador

descuidado

hubiera invocado sortilegios

- ya presagiaba el cuclillo

largas noches de vuelo -

un día de tantos,

asombrosamente,

cerezo e infancia

se fueron.



(Gijón. Junio 2008)

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